domingo, 23 de febrero de 2014

The Wall y 1984... Ese extraño parecido...

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Quién no se ha puesto nunca a hacer paralelismos, a establecer semejanzas, entre cosas que le interesan. Unos las establecen entre equipos de fútbol, alineaciones de una época o de otra, que si estos eran mejores que los de ahora, etc, etc... Otros, sin embargo, los más osados, establecen el parecido entre personajes famosos y gente cotidiana. Es posible que incluso tengamos la manía de ver semejanzas entre canciones, entre libros, entre chiste, entre los perros y su dueños...
Yo tengo manías, muchas he de reconocerlo, y algunas son extrañas, es lo que me hace un tipo algo especial. Tanto que me vuelvo una especie de pedante encantador. De hecho este cuaderno me parece una de mis formas de sentirme importante.
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Entre mis manías, mejor dicho esto es más cercano a una obsesión, es pensar el parecido existente entre la historia de 1984 de Orwell y la de The Wall de Pink Floyd. No hay que olvidar que ambas son historias claustrofóbicas, que tienen un nexo que las une que es el concepto de libertad ferente a al totalitarismo. Sin embargo, aunque el planteamiento es diferente, los protagonistas y la situaciones son distintas, cuando las ves en cine (una es una novela adaptada al cine y la otra es una película directamente) tienes la extraña sensación de que tienen cosas comunes. De hecho, el dictador en el que se convierte la estrella de rock deprimida y yonqui del Muro es muy parecido al Gran Hermano de 1984. Lo visual, lo simbólico es muy cercano, y la desazón que te provocan, incluso miedo, es muy similar. En fin simplemente os recomiendo que leáis el libro y que veáis las películas. Que escuchéis a Pink Floyd en todas sus épocas y que valoréis lo importante que es tener libertad, tanto individual como colectiva.

Joder... ¡Qué cosas pienso!!! Y no, no es el aburrimiento... 

lunes, 17 de febrero de 2014

Hay días que quiero ser Andrés Calamaro...

Hay días en los que a uno le gustaría ser otra persona, o al menos parecerse a otra persona. Pienso que en el fondo es natural, nunca estamos contentos del todo con la vida que nos ha tocado vivir. Aunque tengo que decir que soy un verdadero privilegiado en ese sentido. Pero hay días, los hay de verdad, en los que, aunque fuera un ratito, a uno le gustaría ser Andrés Calamaro.
¿Por qué? Es sencillo, no hay más que ver ese porte, ese aire stoniano, esa elegancia, esa chulería... Me hubiera encantado cantar a La Flaca o a Maradona, me hubiera gustado haber tenido la letra de "Te Quiero" en mi cabeza... Me hubiera gustado ser de Buenos Aires y de Madrid, haber visitado el Estadio Azteca... Me hubiera gustado ser un poco poeta y un poco gamberro. Un poco porteño. Ser un día como Andrés Calamaro.
La mayoría de los días de mi vida me gusta mucho ser yo mismo, mi ego anda bien. Camino por la calle con seguridad y mirando a los ojos de la gente. No tengo por qué agachar el lomo. Me siento bien, muy bien.  Pero hay días, que digo: ¡¡¡por qué no!!! Cómo molaría ser ese rockero de pose y espíritu. Todo un clásico, todo un personaje, todo un grande...